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Telecomunicaciones: superestructuras catalizadoras del desarrollo


¿Habrá alguien que no esté de acuerdo que los servicios de telecomunicaciones, en
particular el internet de banda ancha, son superestructuras catalizadoras del desarrollo
de cualquier sociedad moderna? La evidencia empírica que arrogan los trabajos de
investigación en esta materia apunta hacia la clara contribución de estos servicios al
crecimiento del PIB, al empleo, a la productividad y al comercio exterior de cualquier
país. Sin embargo, los beneficios concretos que se materializan en una sociedad
dependen de que tan extendida sea su adopción entre la población.
En el caso de México, el Estado reconoce, y no es sorpresa para nadie, que en
nuestro país aún existe rezago en materia de telecomunicaciones, tanto en términos de
cobertura y alcance de sus redes, como en el acceso, contenido y uso de los servicios.
En varios foros, el presidente de la República, Felipe Calderón, ha declarado que el
Estado debe trabajar más y mejor para que un mayor número de ciudadanos pueda
acceder a la telefonía, el internet, la radio y la televisión, y que esto se logre en un
ambiente de competencia que garantice a empresas y hogares la oportunidad de acceder
a servicios de calidad y a precios accesibles. La propuesta concreta de su gobierno para
la segunda mitad del sexenio ha sido impulsar el ingreso al sector de nuevas empresas
—en particular, Televisa— abriendo la red troncal de 21,000 kilómetros de la Comisión
Federal de Electricidad (CFE) y licitando el espectro radioeléctrico para telefonía móvil.
Con estas acciones, el gobierno básicamente busca aumentar la disponibilidad
de redes de telecomunicaciones en el país. Las redes sirven para la transmisión de los
servicios de telecomunicaciones de un punto a otro. Su existencia y disponibilidad
son una de las condiciones fundamentales para la adopción de estos servicios en la
población: en los lugares donde no hay redes, no hay servicios, y en las regiones
del país donde las redes son escasas, los precios de transmisión son caros, lo cual
impacta negativamente en la adopción de los servicios de telecomunicaciones
(especialmente entre la población de menores ingresos, que necesitan de servicios de
telecomunicaciones accesibles para volverse usuarios).
De hecho, la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), que anualmente
publica un índice de desarrollo, ITU Development Index (IDI), cuyo objeto es medir
y comparar el nivel de adopción de las tecnologías de la información entre 159 país,
utiliza como componente de su evaluación una medida del nivel infraestructura por país.
Aunque no pongo en duda la importancia de la existencia material de redes
capaces de transmitir los servicios de telecomunicaciones, si creo que, si el Gobierno
quiere favorecer la adopción de estos servicios, este no es el único eje de acción
sobre el cual debería estar trabajando. También son importantes la existencia virtual
de contenidos relevantes —aplicaciones e información— para los usuarios de las
telecomunicaciones y el capital humano con capacitación suficiente para utilizar
equipos y contenidos.
¿De que le servirá a una persona que no sabe leer ni escribir poder contar con
más redes de telecomunicaciones? ¿Por qué un individuo que no tiene necesidad de
navegar en internet, que considera que nada de lo que se ofrece ahí mejora su calidad
de vida, se convertirá en un usuario de éste por la simple existencia de más redes? Más
redes no se traducen en automático en más usuarios de servicios de telecomunicaciones,

y esto es especialmente cierto entre las personas de menores niveles educativos.
Así, el “ índice de desarrollo” (IDI) también mide otros dos componentes: la
intensidad de uso de dicha infraestructura, mediante indicadores como el número de
usuarios de internet, banda ancha fija y móvil, y la capacidad que tiene la población
para hacer uso de los servicios de telecomunicaciones, medido a través de indicadores
como la capacidad de leer y escribir de la población adulta y el porcentaje de jóvenes
inscritos a educación media y superior.
Para 2009 México ocupa el lugar 77 de 159 a nivel mundial, y el 15 de 25 para
la región americana, por debajo de países como Argentina, Uruguay, Chile, Brasil,
Venezuela, Colombia y Perú.
Ojalá hubiera una política pública integral (redes, contenido y capital humano)
de telecomunicaciones.

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